jueves, 18 de abril de 2013

El Rayo de Luna.

Y esa mujer, que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente, que piensa como yo pienso, que gusta como yo gusto, que odia lo que yo odio, que es espíritu humano de mi espíritu, que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No ha de amarme como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?

Gustavo Adolfo Bécquer.

sábado, 13 de abril de 2013

Y aquí estamos otra vez.

Y aquí estamos otra vez, sintiéndonos la piel. Llegando a enloquecer, que cada suspiro tuyo sea lo único que me calme la sed.

Y aquí estamos otra vez. Bésame, muérdeme, incéndiame. Desgárrame como una espada.

Y aquí estamos otra vez. Yo bajo tu influjo y tú hechizado con mi embrujo. No merece la pena resistirnos, atrás quedó el miedo a desvestirnos.

Lady Rock.

Besos.

Hay besos que producen desvaríos de amorosa pasión, ardiente y loca. Tú los conoces bien. Son esos besos míos inventados por mi para tu boca.

Hoy no quiero estar solo.

-Ha llovido muchísimo en muy poco tiempo. No me gusta que cojas la moto en estas circunstancias.- Realmente estaba preocupado.
-¿Desde cuándo eres mi padre?.- Lo dijo con ironía, aunque le sorprendió que se interesase así por ella. Hacía mucho tiempo que no le dedicaban tanta atención.- En serio, estaré bien.
Se dio la vuelta para irse, pero no le dio tiempo a girarse por completo. Gabriel la había tomado del brazo y la había empujado contra él. De la forma más sueave y dulce que jamás haya hecho. Y ahí estaban los dos: sintiendo la respiración del otro. Cuerpo a cuerpo. Todo lo demás pasó a un segundo plano. Sólo estaban ellos y la banda sonora de sus corazones.
-Por favor, no te vayas. Hoy no quiero estar solo.- Fue como un susurro.
-Yo tampoco.

Lady Rock

miércoles, 10 de abril de 2013

La de la eterna sonrisa

Se la puede ver paseando en los días más grises y, también, en los que el sol ilumina cada rinconcito, cada calle. No saben quien es, poco importa. Sólo es una sombra más, una de las muchas figuras errantes que caminan por la ciudad. Pasa desapercibida allá donde vaya, aunque a algunos les llama la atención su manera de andar, despreocupada, sin rumbo. Una sonrisa asoma por su rostro, parece que canta, tararea una canción.

La música suena ensordecedora a través de sus auriculares. Se imagina historias con las canciones que escucha, cada canción una historia, un videoclip, un sueño. Muchos se preguntarán hacia donde se dirije, lo cierto es que ni ella misma lo sabe. ¿Qué más da donde vaya? Lo importante es el viaje en sí.

Chispea. Ella mira al cielo y, como todo lo demás, le es indiferente si truena o hace frío, sigue su camino. Ese que aún desconoce. Llueve con fuerza y la chica aligera el paso, sube el volumen de la música y se pone la capucha de la sudadera que lleva puesta. Aún pueden contemplar cómo continúa sonriendo y cantando para sí. Cualquier otra esperaría a que escampase debajo de algún portal, pero a ella le gusta sentir las gotas de agua cayendo por su rostro, manos, traspasándole la ropa. Es una sensación agradable. Al fin y al cabo sólo es agua, ya dejará de llover. La toman por una chica solitaria. Se equivocan. Nunca va sola. Siempre le acompaña la misma amiga, su mejor amiga. La única que la comprende y sabe exactamente lo que se le pasa por la mente. La que es capaz de expresar por ella lo que por sí misma sería incapaz de expresar. No puede verla, pero da igual. Lo importante es que la siente tan cerca que vive en ella. La música vive en ella, en cada poro de su piel, en cada lágrima que llora, en cada sonrisa espontánea.

La chica de la capucha, la de los auriculares y la música a volúmenes inapropiados, la de las cuatrocientas canciones, la de la eterna sonrisa, la que camina sin ajustar sus velas. Esa chica soy yo.

Lady Rock.

martes, 9 de abril de 2013

Un lugar con esperanza.

Me miro al espejo y ni siquiera me reconozco. Ya he dejado de llorar y puedo contemplar con repugnancia lo que me ha vuelto a hacer. "Esta vez se ha pasado" pienso. ¡Ay! Me estremezco cuando el alcohol me roza la piel. No sé qué me duele más si verme en este estado lamentable o hacerme yo misma las curas. "¿Por qué me trata así? ¿Tan mala soy que me tiene que golpear para que le obedezca? ¿Para que, según él, me comporte como una buena esposa?". Ni siquiera entiendo cómo alguien puede tener tanto odio hacia  una persona a la que supuestamente ama.

Termino de recoger el botiquín y soy incapaz de separarme del espejo. Veo cómo me resbala una lágrima por la mejilla y, para mi sorpresa, no la siento. Los golpes me han insesibilizado la cara. "Esta vez ha traspasado los límites". No. Los traspasó hace ya mucho tiempo, pero soy tan tonta que le vuelvo a perdonar siempre. La historia se repite una vez más. Me pega, se va, vuelve a las dos horas cuando se le ha pasado el colocón, me pide perdón y a mi se me cae el alma a los pies. Me encanta la manera en que me miente, la manera en la que me dice que me quiere.

Sigo llorando delante del espejo, con la cabeza agachada y las manos tapándome el rostro. Me duele. Me duele cada fibra de mi piel, cada parte de mi cuerpo. Se acabó. Me limpio las lágrimas con la manga del chaleco que me regaló por mi cumpleaños. Sólo tengo dos cosas claras ahora mismo: lo quiero tanto que mi vida sin él sería un lugar sin esperanza, pero no quiero llorar más. Tengo que irme si quiero vivir y ser feliz. Al fin y al cabo no vinimos a este mundo para amar, sino a ser felices y hacer felices a los que queremos. Él no me hace feliz, luego, no me quiere. Debí llegar a esa conclusión hace mucho tiempo; la primera vez que me puso la mano encima y estuve encerrada en casa un mes, mientras me sanaban las heridas. Pero yo sabía que las peores heridas no eran las físicas. Debajo de mi piel, atravesando de norte a sur mi corazón, se encuentra la más dolorosa de las heridas, la más grande de las cicatrices.

Debo irme. Ya he hecho la maleta y, cuando llegue a casa, no encontrará ni notas ni cartas de despedida. Sólo soledad. Se ha quedado solo y, en cierto modo, me da pena. Él se queda en esta casa que él mismo ha hecho arder, mientras que yo me voy con mis heridas y cicatrices a un lugar mejor. Un lugar donde encontraré aquello que me ha movido a dejarle. Encontraré un lugar con esperanza.

Lady Rock

Caigo.

Ruido. Un ruido ensordecedor. La música tan alta como el Empire State Building. A mi alrededor multitud de personas bailando, divirtiéndose y besándose. Disfrutan de la fiesta tanto como yo. Sin embargo, yo prefiero contemplar el ambiente con una copa en la mano.
A estas alturas de la noche debo estar desvariando. Al otro lado de la discoteca, noto que alguien me observa. Es un chico de mi edad. No me quita los ojos de encima. Sí que debo de haber bebido, porque ese chico no puede ser real.

Intento buscar adjetivos para describirle, son demasiado terrenales para él. Ángel. Eso se le acerca más. Me mira de una forma extraña, enigmática, impasible. ¿Cuánto lleva observándome? He perdido la noción del tiempo.

Habla con más chicas, sin embargo, no les presta atención. Las ignora, él merece mucho más y lo sabe. A veces, desvía sus ojos y los centra en la nada mientras se pasa una mano por el pelo. Seductor se acaricia un colmillo con la lengua. Ahora que no me mira, veo la perfección de su cuerpo, su piel canela. Su boca. Hay algo en ella perturbadoramente abrumadora.

No lo entiendo. Me vuelve a mirar y mis piernas se ponen automáticamente en marcha. Pierdo el control de mi cuerpo. Me dirijo hacia donde está él. Sigue apoyado en la barra, como si el mundo le diese igual. Alza la cabeza, le da un trago a su copa y comienza a andar. En cualquier momento nos vamos a cruzar, cada vez más cerca el uno del otro. Y, entonces, me doy cuenta de que no es un ángel. Camina y el mundo entero se rinde a sus pies. Caigo. El fuego de sus ojos me quema la piel. Me asfixia. Definitivamente es el diablo. Caigo. Me resisto, pero es inútil. Ha venido a llevarme a la eternidad del infierno. Caigo y no importa lo que haga; no puedo ni quiero luchar contra él. Ya no me quedan fuerzas ni tengo voluntad propia.

Nunca el infierno me pareció tan bello, ahora que lo veo desde la eternidad de su mirada. Caigo.

Lady Rock.

domingo, 7 de abril de 2013

Young, wild & free

Querido Mundo:

Hacen falta más que cadenas para aprisionarme, hacen falta más que barrotes para evitar que me escape. Porque mi libertad va más allá de mi cuerpo. Nunca sabrás si estoy aquí o allí. Simplemente no estoy. Mi mente ha dejado mi cuerpo, me evado de la realidad. Me desvanezco. Me voy. Me pierdo. Me encuentro. Respiro profundamente. Sueño. Sueño con que no soy prisionera de nada, nadie me retiene. Solo estamos mis sueños y yo. Libre. Déjame soñar, no me detengas. Soy joven. Vine a equivocarme, tropezarme, levantarme con la cara llena de barro. Aprender. Vivir. 

Soy salvaje. Me da igual lo que pienses. Voy a mirarte a los ojos. Te desafío. Te conquisto. Caes. Te rompo el corazón en mil pedazos. Te lo advertí. No tienes ni idea de quién soy. No. No lo sabes. Acabo de romper mis propias alas para liberarme. No me hacen falta. Voy a escapar de todas formas. Soy joven, salvaje y libre y no tengo miedo.

Lady Rock

Y tú, ¿crees en el destino?

¿Crees en el destino?

Sí, ahora sí creo en el destino. No es una simple casualidad que tu vida cambie en cuestión de segundos. Que encuentres a alguien que sea "tan como tú". Está claro que el azar te puso en mi camino por alguna razón que desconozco. No puede ser que no te haya conocido antes. ¿Por qué no te he conocido antes?

Llega el día en que todo cambia. Sientes que puedes confiar ciegamente. Te da miedo, pero aún así, si es como piensas, jamás te fallaría. Porque te pierdes a ti misma, pero ella te vuelve a encontrar, reajusta tus velas, cambia tu dirección, coge tus alas rotas y aprende a volar por ti. Saltas al vacío. Esta vez sin miedo.

Ese día el destino descubrió que estábamos preparadas para encontrarnos.

Dedicado a mi toqui. Tú y yo sabemos que esto es un principio sin final.

Lady Rock.

"Sé fuerte"

"Sé fuerte". ¡Qué fácil lo ves tú todo!. "Sé fuerte, no llores. Yo ya no estaré aquí para levantarte". ¿Pero quién te crees que eres? ¿Crees que te puedes ir así, dejándome desprotegida, sola? Y, para colmo, me dices que no llore. Das por hecho que me voy a caer en cuanto te vayas. Pues vete, lárgate. No te necesito.

Te veo alejándote y pienso que debería haberte dicho todo eso. Te veo alejándote, cada vez más pequeño. Pero la pequeña, en realidad, soy yo. Lloro. Lloro tanto que soy incapaz de articular palabra. Quisiera gritar que te odio por convertir mi sangre en hielo, mis lágrimas en arena y mi corazón en piedra. Pero no puedo, me atraganto con mi propio llanto. Te olvidaste de mi, me tenías justo detrás. Pues, esta idiota se va. Se ha hecho más fuerte. Ahora voy a cambiar mi suerte.

Lady Rock.

Es una locura.

-Por mucho que podamos perder, ¿estarías dispuesta a correr el riesgo?
-¿Qué quieres decir?
-Quiero que me des una oportunidad, a los dos. Te mereces ser feliz, ya sea conmigo o con otro. Quiero que así sea. Por eso te propongo un trato: déjame hacerte feliz durante las próximas 48 horas y, si no estás segura de que esto pueda funcionar, te dejaré en paz. Ni llamadas, ni e-mails. Cada uno por su camino y fin de la historia. -Le agarró ambas manos. Era consciente de lo que podía perder, pero lo arriesgaría todo por conseguirla. -¿Qué me dices?
La respuesta de cualquiera habría sido un sí o un no. Pero se trataba de Adriana. Sólo ella podía utilizar un beso como respuesta. Que entre sonrisa y sonrisa le mordiera el labio inferior.
-¿Es un sí?
-Es una locura.

Lady Rock

"Te quiero a mi manera"

-¿Qué pasó?. -Sabía que no era de su incumbecia, pero necesitaba saber más de ella. Conocerla.

-¿Te refieres al chico con el que estaba? -Gabriel asintió -¿Quieres la historia larga o te hago un resumen?

-Me conformo con un resumen -Le sonrió como si con una simple sonrisa pudiese conseguir que le abriese su corazón.

-Me dijo "te quiero a mi manera" y su manera era rompiéndome el corazón.

Lady Rock