Alguien dijo en una canción que "si fueras mía, tú serías mi mañana". Qué bonito le quedó, pero qué poco pensó en nosotros. Que ni yo soy tuya, ni tú eres mío. Ojalá fuera tan sencillo; me encantaría que fuese así. De verdad. Pero yo vivo el día a día sin esperar nada de nadie y tú... Bueno, tú eres tú. Con tus idas y tus venidas, con tus luces y sombras, tus miradas que me matan y tus labios que me drogan. Podríamos intentar ser del otro, pero ¿para qué? Yo no voy a cortarte las alas y tu no me vas a poner las cadenas. No quiero y no puedo estar atada a alguien y menos a ti. Porque sé cómo eres, porque sé qué eres.
Caminamos paralelamente por distintos caminos; sabemos que nunca nos encontraremos. No existe ninguna intersección en nuestro horizonte. ¿He dicho "nuestro"? Já, como si tú y yo compartiéramos algo más que la soledad de nuestras respectivas fronteras. Estamos destinados a no encontrarnos, a seguir andando solos el uno sin el otro. Porque sabemos lo que pasaría al cruzarnos. Que la química es tan fuerte como destructiva. Y hermosa, pero sobre todo destructiva. Caótica. Eso es, caos. Todo sería un caos. Sabemos que nada es eterno, ni siquiera nosotros. Qué falsa es la gente que cree que lo es. O a lo mejor es que se quieren y por eso lo son. Sigo pensando que lo nuestro (sigo hablando como si fueras parte de mi y yo de ti, qué ilusa) nunca fue amor, sólo atracción-barra-destrucción.
Somos conscientes de que podríamos romper todos los universos con el simple roce de nuestros labios y, aún así, nos besamos. Porque nuestros labios no entienden de mundos caóticos, ni de caminos utópicos. Porque nos da igual todo. Nos da igual la vida, el mundo y sus absurdas leyes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario