Ando de costumbres sobrada. Me acostumbré a ti cuando acostumbraba a no tener a nadie. Porque te extrano más que antes, pero a la larga no se puede vivir con amor a medias. Es tan jodido como verte esa maldita cicatriz que tanto odias todos los días frente al espejo: te molesta, te enfada y te acostumbras. Aprendes a vivir con cicatrices que se te incrustran como sudor en la nuca de veranos tropicales. Y, así, vivo yo: sin ti y llena de las heridas de tu ausencia y ni te imaginas cuánto duele cuando se clavan en el pecho y calan hasta los huesos. Imagínate que el otoño irrumpe en ti a tempestades de viento y lluvia, mientras sientes los pedazos de un cualquiera enfriarte la sangre, congelándote el alma.
Me enfrías y me haces hielo. Luego vendrás mendigando calor. ¡Cómo esperas que estando a bajo cero te quiera!
Vete acostumbrando al invierno, cielo, porque para ti ya no me quedan primaveras.
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