miércoles, 8 de mayo de 2013

La bendita excepción.

Estás rota, aplastada, vencida y sin salvación. Aparece un cualquiera y te sientes estúpida. Te agarras a él con todas tus fuerzas. Da igual que queme como un clavo ardiendo. En el momento en que hacéis contacto, las cicatrices sanan. Es la excepción de toda regla. La bendita excepción. Te miras en el espejo y lloras, lloras porque tus ojos hinchados y tus ojeras tienen nombre y apellidos. Las noches desvelada saben a él.

Miedo. Sientes miedo. El hielo se está derritiendo. Se resquebraja cual hoja seca de otoño. Y el miedo no es caer. Todos caemos. Agua helada. El miedo al agua a menos veinte grados, nadar sola y que él (la bendita excepción) no se tire al agua a recogerte. No tienes salvación y lo sabes. Lo peor es que lo sabes. La habitación se inunda. Tus pulmones también, pero de lágrimas.Tus propias lágrimas. Estás desnuda, congelada y desprotegida. Te ahogas.

Claro que da miedo."Si desaparece, que sea conmigo". Quieres dormir pero no puedes. Te mantienes despierta y alerta por si se va. Porque si se va es para siempre. Y para siempre es mucho tiempo. Y si desaparece, se irá solo. Con sus excepciones y la maldita casualidad que lo puso en tu camino. Y ahora tu camino se reduce en sentirte, sentirlo, que te sienta y sentiros. Creer, querer y ser. Pero ya da igual. Se ha ido.

Lady Rock.



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