martes, 28 de mayo de 2013

Me haces falta.

Me haces falta todos los días del año. Me harás falta durante toda mi vida, pero no puedo evitar necesitarte en estos momentos especiales. Será por la primavera, que no sólo brotan las flores sino también los recuerdos. Si al menos pudiera abrazarte una vez más... Me conformo con una última imagen tuya sentada en tu sillón, hablándole a todo como solías hacer. El tiempo pesa demasiado supongo y pasa tan rápido... Me han ocurrido tantas cosas buenas y siento que son menos buenas porque tú no estás aquí. No has presenciado todo lo que he vivido en tu ausencia. Ausencia. Tú ausencia. ¿Dónde estás? Ya casi ni te siento, sé que estás por alguna parte pero no sé donde exactamente. O sí. Aquí mismo, a mi lado, sentada mirándome mientras hago cualquier cosa poco importante. Prométeme que me vas a proteger, pase lo que pase. No me falles. Yo prometo no olvidarte jamás. Te conservaré intacta en mis recuerdos. Pero tú tampoco me olvides. Por favor, no olvides qué era para ti. No puedo ser tan fácil de olvidar. Prométeme que vas a estar siempre, sea donde sea; me da igual. Aunque no te vea, aunque no te tenga. No me olvides, no me olvides, no me olvides... Sé que no puedes prometerme un último beso en la mejilla, aún así te lo pido. Un puto beso en la mejilla, sólo eso. Me hace falta, ¿sabes?.
A la que tanta falta me hace, a ella. Con amor, Lady Rock.

Cuando sepas de mí.

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.

Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

De verdad.

Risto Mejide.

domingo, 12 de mayo de 2013

Volver.

Volver. He vuelto a recordar quien era. He vuelto a comprender que lo que soy ahora, tuvo un comienzo. He vuelto al lugar donde pasé los mejores años de mi vida, los que ya no vuelven y ni siquiera se plantean regresar. Se fueron. ¡Qué maravillosos y efímeros años!. Tan maravillosos y efímeros como la vida misma y, a la vez, tan intensos. Es eso. La jodida intensidad. Miro ese tiempo desde una perspectiva actual y parece que fueron el tráiler de una buena película. Sin embargo, no exagero si digo que el tiempo se paraba cuando estaba aquí. Y no sabía lo que echaba de menos este sitio hasta que he vuelto. Volver. Volver y recordar cada momento vivido con la nitidez del reflejo del agua en calma. Observar cada ápice del paisaje y que todo me recuerde a mi. Niños corriendo alrededor de la plaza, familias enteras sentadas en un velador mientras "echan el dia"... Y todo ello acompañado del peculiar olor del mar. Brisa marina que entra por cada poro de mi piel y se impregna en mi. ¿Cómo puedo recordar la brisa, saborearla y palparla después de tanto tiempo? Y ese aroma es completamente distinto a cualquier otro. Es dulce y melancólico como ninguno y lo añoro tanto...
Miro a mi alrededor y parece que nada ha cambiado. Las calles, la gente... Todos los rincones permenecen intactos. ¡Cuánto me equivoco!. Todo sigue igual, el tiempo se ha parado. Todo sigue igual, menos yo. Yo sí he cambiado.

Lady Rock.

jueves, 9 de mayo de 2013

Te echo de menos.

Te echo de menos. Si tuviera que resumir esta entrada en una frase sería precisamente esa. Te echo de menos. Y tú te preguntarás por qué si no has ido a ninguna parte. Para mi sí. Echo de menos la persona que conocí tiempo atrás, la que cautiva a la vida con una sonrisa. Dios, sí que te echo de menos. Y no sabía cuanto hasta que me he puesto a escribirte. ¿Qué te ha pasado? ¿Cuánto llevas estando así, como si yo te importase una mierda?. Te hubiese mandado poco lejos hace tiempo, lo malo es que se lo hubiese hecho a cualquier otra persona. Pero a ti no. Tú no eres cualquiera. Joder, te debo tanto. Estaba tan sola y, de repente, apareces tú. Ni te imaginas todo lo que te debo. Mi confidente, mi personita, mi best friend. Y lo peor es eso. Que no tengo ni idea de qué clase de amiga soy para ti. Y no me malinterpretes. Esto no es una queja. Es una llamada de emergencia, de socorro a tu otro "yo". El que brilla por sí solo y eclipsa todo lo demás. Esta parte de ti, la que muestras ahora, está tan vacía, es tan poco "tú". He llegado a pensar que te perdía, que realmente la persona que conocí se ha ido. Y he tenido miedo. No sabes cuánto. Sin embargo, ahora eres tú quien debería tener miedo. Puede que seas tú quien me pierda. Y te lo aseguro, yo no soy como la marea que viene y va. Yo no vuelvo. No regreso. Si me voy, me voy. Aunque me duela más a mi que a ti, si me voy, adiós. Ya, ya lo sé. Sé que odias estas cosas y prefieres que te lo diga a la cara. Pero me canso de ser tan clara contigo y que me ignores. Si te digo tanto lo bueno como lo malo será que me importas, ¿no?. Estoy cansada de tragármelo todo sola. Mi almohada está harta de que llore tanto. Déjame que me desahogue así. Ahora mismo no me veo con fuerzas de decirte todo esto a la cara. Una última cosa más. Es un consejo. No soy nadie para darlos, pero ahí te lo dejo. Ten cuidado en quien confías, porque las peores decepciones vienen de quien menos te lo esperas. En fin, que poco más. Lo de siempre. Lo mismo de siempre. Vuelve, porque te echo de menos. Somos muchos los que te queremos de vuelta.
Lady Rock.


miércoles, 8 de mayo de 2013

La bendita excepción.

Estás rota, aplastada, vencida y sin salvación. Aparece un cualquiera y te sientes estúpida. Te agarras a él con todas tus fuerzas. Da igual que queme como un clavo ardiendo. En el momento en que hacéis contacto, las cicatrices sanan. Es la excepción de toda regla. La bendita excepción. Te miras en el espejo y lloras, lloras porque tus ojos hinchados y tus ojeras tienen nombre y apellidos. Las noches desvelada saben a él.

Miedo. Sientes miedo. El hielo se está derritiendo. Se resquebraja cual hoja seca de otoño. Y el miedo no es caer. Todos caemos. Agua helada. El miedo al agua a menos veinte grados, nadar sola y que él (la bendita excepción) no se tire al agua a recogerte. No tienes salvación y lo sabes. Lo peor es que lo sabes. La habitación se inunda. Tus pulmones también, pero de lágrimas.Tus propias lágrimas. Estás desnuda, congelada y desprotegida. Te ahogas.

Claro que da miedo."Si desaparece, que sea conmigo". Quieres dormir pero no puedes. Te mantienes despierta y alerta por si se va. Porque si se va es para siempre. Y para siempre es mucho tiempo. Y si desaparece, se irá solo. Con sus excepciones y la maldita casualidad que lo puso en tu camino. Y ahora tu camino se reduce en sentirte, sentirlo, que te sienta y sentiros. Creer, querer y ser. Pero ya da igual. Se ha ido.

Lady Rock.



La mitad de casi todo.

Era como si le hubieran robado exactamente la mitad de casi todo. Quedaban la mitad de los libros, la mitad de los CDs, la mitad de las películas, la mitad de su vida. La otra mitad se la había llevado él, aprovechando su ausencia.
Se sentó en su mitad de sofá y contempló lo vacía que había quedado la otra mitad de su existencia. Y se volvió a preguntar por qué nos empeñamos en llenarla siempre con otra persona.

Que la muerte te acompañe.