Hoy mis ojos parecían pardos cuando los he vestido del negro que te gustaba y me he puesto aquel pintalabios rosa, porque decías que mi boca (y la tuya) me pedía ese color y no otro. He sacado del armario tu camiseta, la que tenía casi olvidada y desgastada por el tiempo, y la he hecho mía.
Hoy me he reído recordándote tirado en la arena, jugando como un niño. Me he sonrojado pensando en cómo me decías que me querías tal cual, ni con un gramo más ni con uno menos. Que me querías sin maquillar, con la sonrisa puesta y recién levantada de la siesta. Despeinada y con una sudadera tres tallas más grande. Mojada de pies a cabeza de brisa marina. Me susurrabas, tal día como hoy, que te encantaban mis cambios de humor, la manera en la que te hacía reír y, ahora, me amarga el recuerdo de tu risa. Porque no la tengo aquí, porque es como un eco que ya me cuesta sentir.
Hoy me encantaría que me miraras a los ojos, sonrieras solo para mi y te fueras; volvieras con la pleamar y me besaras de vuelta. Hoy me he mirado al espejo y he visto tu reflejo. Hoy he llorado con los recuerdos que me diste y con los que te quedaste para ti. Y todos ellos pasaban ante mi como el tráiler de una buena película. Y mentiría si dijera que hoy las lágrimas no me han sorprendido antes de tiempo escuchando la banda sonora de nuestras vidas.
Hoy me pregunto si ves mi sombra en alguna calle desconocida, si te sigue gustando contar estrellas fugaces en las noches de cielo despejado. Si las nubes te recuerdan a algo mío. Si guardas alguna foto nuestra y la recuerdas con cariño... ¿Tú también te levantas con la sensación de que nos faltaron besos, de que las sábanas están heladas aunque no haga frío? ¿Me crees si te digo que hoy me he despertado oliendo a mar? ¿que hoy me he despertado oliendo a ti?
Hoy parece que el cuerpo me pide echarte de más y no de menos.
Lady Rock.