lunes, 1 de diciembre de 2014

Estaciones

Ando de costumbres sobrada. Me acostumbré a ti cuando acostumbraba a no tener a nadie. Porque te extrano más que antes, pero a la larga no se puede vivir con amor a medias. Es tan jodido como verte esa maldita cicatriz que tanto odias todos los días frente al espejo: te molesta, te enfada y te acostumbras. Aprendes a vivir con cicatrices que se te incrustran como sudor en la nuca de veranos tropicales.  Y, así, vivo yo: sin ti y llena de las heridas de tu ausencia y ni te imaginas cuánto duele cuando se clavan en el pecho y calan hasta los huesos. Imagínate que el otoño irrumpe en ti a tempestades de viento y lluvia, mientras sientes los pedazos de un cualquiera enfriarte la sangre, congelándote el alma.

Me enfrías y me haces hielo. Luego vendrás mendigando calor. ¡Cómo esperas que estando a bajo cero te quiera!

Vete acostumbrando al invierno, cielo, porque para ti ya no me quedan primaveras.

martes, 28 de octubre de 2014

Aguas Turbulentas

Y, cuando le besé, sentí un inmenso mar que me llevaba a la deriva. A la suya. Un océano negro y oscuro; profundo, que cualquiera que tuviera pesadillas de pequeño temería, pero yo no. A mi no me daba miedo, porque sabía nadar entre tiburones y estaba más que acostumbrada a pozos sin fondo, a mares impetuosos y a luchar contra la corriente. Había aprendido a escupir el agua que me anegaba los pulmones. Y, mientras pensaba en cómo había sobrevivido a semejante catástrofe, la tristeza de sus ojos inundados por el mar, presagiaban lo peor. El dolor de sus mentiras, las cicatrices de su mirada reflejaban la verdad: su coraza se partía, y él con ella. Se caía a pedazos delante de mi a pesar de que me respondiera con una sonrisa (rota) "Estoy bien".

Juntaré todas sus piezas y me haré el relojero con las manos más diestras, sólo para ajustar las agujas de su corazón que, por lo visto, se han parado.

"Espera a que te abrace, amor"  le dije, "Para saber lo que es estar bien". Se ahogaba en mis narices sin pedir ayuda, porque no podía, porque no sabía. "No tienes ni idea", sonreí, "de cómo navego yo por aguas turbulentas".

domingo, 9 de marzo de 2014

Hoy

Hoy mis ojos parecían pardos cuando los he vestido del negro que te gustaba y me he puesto aquel pintalabios rosa, porque decías que mi boca (y la tuya) me pedía ese color y no otro. He sacado del armario tu camiseta, la que tenía casi olvidada y desgastada por el tiempo, y la he hecho mía.

Hoy me he reído recordándote tirado en la arena, jugando como un niño. Me he sonrojado pensando en cómo me decías que me querías tal cual, ni con un gramo más ni con uno menos. Que me querías sin maquillar, con la sonrisa puesta y recién levantada de la siesta. Despeinada y con una sudadera tres tallas más grande. Mojada de pies a cabeza de brisa marina. Me susurrabas, tal día como hoy, que te encantaban mis cambios de humor, la manera en la que te hacía reír y, ahora, me amarga el recuerdo de tu risa. Porque no la tengo aquí, porque es como un eco que ya me cuesta sentir.

Hoy me encantaría que me miraras a los ojos, sonrieras solo para mi y te fueras; volvieras con la pleamar y me besaras de vuelta. Hoy me he mirado al espejo y he visto tu reflejo. Hoy he llorado con los recuerdos que me diste y con los que te quedaste para ti. Y todos ellos pasaban ante mi como el tráiler de una buena película. Y mentiría si dijera que hoy las lágrimas no me han sorprendido antes de tiempo escuchando la banda sonora de nuestras vidas. 

Hoy me pregunto si ves mi sombra en alguna calle desconocida, si te sigue gustando contar estrellas fugaces en las noches de cielo despejado. Si las nubes te recuerdan a algo mío. Si guardas alguna foto nuestra y la recuerdas con cariño... ¿Tú también te levantas con la sensación de que nos faltaron besos, de que las sábanas están heladas aunque no haga frío? ¿Me crees si te digo que hoy me he despertado oliendo a mar? ¿que hoy me he despertado oliendo a ti?

Hoy parece que el cuerpo me pide echarte de más y no de menos.

Lady Rock.

jueves, 6 de marzo de 2014

Esperando a Superman

Te esperé. Vi cómo la música aumentaba por momentos y rechacé a todo aquel que quiso sacarme a bailar. Porque te esperaba.

Hablé con ángeles y conté estrellas. En total había tantas como letras tiene tu nombre. Porque te veía a ti en cada trocito de cielo. Y divisé varios héroes que tenían tus andares, pero ni de lejos eran tus ojos. Sentí mi fe en ti quebrarse; mis esperanzas reducirse a cenizas, deseando que resurgieras de ellas como un ave fénix.

Y te esperé tanto que hasta los ángeles me ignoraron y las estrellas decidieron desaparecer del cielo, porque se cansaron de que las contara, de que te esperara. Me dijeron que no se puede vivir de leyendas, mitos ni cuentos de hadas, pero sobre héroes nadie dijo nada. Nadie dijo nada de esperar un milagro. Nadie dijo nada de ti. Sin embargo, lo esperé. Te esperé.

Me falta tu presencia y me fallan las fuerzas. Y observé colores ámbar y tonos malva teñir el horizonte. Aún así, aquí sigo, hablándole a ángeles que jamás contestaron, contando estrellas que no existieron. Esperando a un Superman que nunca apareció.

Lady Rock

martes, 11 de febrero de 2014

Shattered Ones

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tú ya lo sabias antes de perderme.

Antes de que yo faltase en tu vida, antes de que despertases solo entre tus sábanas, antes de que tus labios me echasen de menos y tus miradas malviviensen por reflejarse en mis ojos... Antes de todo eso, yo era tuya.

Jamás pensaste que me iría, pero mira a tu alrededor y búscame perdiendo las horas que yo malgasté recomponiendo el puzzle de tu corazón, porque ya no estoy. Ni estaré.

Te has convertido en una sombra, vana y difusa de lo que eras antes. Y te diría que esto me duele a mi más que a ti, pero mentiría. Porque sé lo que significo para ti, no hace falta que lo demuestres. Ahora no es el momento; ya no quedan momentos para nosotros. Derrochaste oportunidades como si fueran vino barato, como si la gota jamás colmara el vaso y, en contra de lo que creías, lo colmó.

Y se rompió, como tú y como yo, que ya estamos rotos.

Lady Rock.

miércoles, 29 de enero de 2014

En tus infiernos

Pensabas que era dura como una piedra, que era incapaz de sentir nada. Cómo te equivocabas y cómo me gustaba que pensaras eso. Porque nada me afecta, estoy vacía. No lloro porque no tengo lágrimas, y no es que se me hayan gastado, sino que realmente nunca tuve. Si me cortas no sangro, lo único que verás salir de la herida será tierra, arena, por allí, por donde hiciste el corte. Eres mucho de eso, ¿lo sabias?. De cortarme, de arañarme. Me miras y me cortas. Pero me da igual. No siento nada. Lo único que siento cada vez que tus ojos se clavan en mis pupilas es descontrol. Porque no puedo evitar que te lleves lo poco de mi que aún merece la pena. Que aún se puede utilizar.

En cierto modo, nunca te equivocaste conmigo. No soy piedra, pero sí hielo. Al menos delante de ti lo aparento. ¿Quieres saber lo que realmente ocurre cuando te cruzas conmigo? Que ardo. Que me quemas. Me derrites. Me dueles de manera sobrehumana, y sangro. Claro que sangro, y lloro. Sobre todo es eso. No sé que me pasará cuando mis ojos se sequen. Pero me muero sola, nunca delante tuya. No. Me niego a rebajarme a ti. Porque es lo que quieres, ¿verdad?. Que me congele en tus infiernos.

Lady Rock.