jueves, 26 de noviembre de 2015

Ay, amor.

Ay, amor que no puedo y no debo. Pensarte mucho, rápido y muy seguido. Hasta que duele. Hasta que me duele y me digo 'tía, para. ¿No ves que te escuece el alma?' Eres alcohol en vena, pero no del vodka que me gusta, más bien Ginebra de la barata, de la que te sienta de miedo y luego te tiras dos días de resaca. 

Ay, amor... ¿Qué tendrás que sin hacer nada me matas? Entre sonrisa y sonrisa quiero que me desnudes de prisa, que me quema la ropa allá donde me tocas. Porque cuando me tocas... Ay, amor. Y el corazón me desbocas cuando provocas callejones sin salida de tu boca a mi boca. 

Estoy cayendo en picado porque tú me has empujado desde tu altar de Dios y ¿qué hago, hostias? Si me voy a dar de bruces contra el suelo porque me he dejado las alas de Ángel olvidadas en tu cama.
Ay, amor. Que no. Que no me gustes, joder. Me haces más mal que bien y lo peor es que lo sé. 

Ay, amor... Soñarte cada noche es mi pan de cada día. 'Detente que luego deliras', me dirías. Ay, amor... Que sin ti no soy yo, ni mucho menos nosotros, pero aunque lo nuestro no exista... Déjame que te insista.


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