viernes, 16 de agosto de 2013

El espejo.

Estás cansada, sola, vacía. Te miras al espejo y no ves nada. Sólo estás tú. Pues eso, nada. Te sientes como si fueras polvo, insignificante y sin vida. Pero ahí estás. Sin saber muy bien el por qué de tu existencia. Observas detenidamente tu reflejo y te analizas críticamente externa e internamente. ¿En qué te has convertido? ¿Esa era la clase de persona que querías ser? Yo te respondo. No. Atrás quedaron tus delirios momentáneos y tus ensoñaciones absurdas. Siempre te gustó soñar despierta. Y, por mucho que me gustase bajarte de la nube, disfrutaba viéndote ahí arriba. En tu nube de colores.
Voy a traspasar ese maldito espejo. Intento sin éxito reencontrarte. No estás perdida, simplemente te has perdido. No te preocupes, ya llego. Sigo buscándote y no me rindo. De momento he encontrado de todo durante mi búsqueda. Recuerdos, tristeza y melancolía, sobre todo. No importa el tiempo que tarde, te rescataré en medio de ese mar de fango.
Rozo algo con la punta de mis dedos. Eres tú. Sé que eres tú. Es esa sonrisa tuya, parece que la hemos recuperado y vuelve a la vida. Aquella vida tan maravillosa que parece de verdad. Coge mi mano. ¡Vamos! No tengas miedo. Soy yo. ¿Me recuerdas? Dije que vendría a por ti y aquí estoy. Vaya, estás llena de cicatrices. Nada que un abrazo no pueda solucionar. Deberían dejarnos huella, no cicatrices. Intenta tener más cuidado la próxima vez, que las rosas son tan bellas como peligrosas y tienen espinas escondidas entre las hojas. Levanta la cabeza y mírame a los ojos. No es ninguna vergüenza perderse a sí misma, tampoco ninguna decepción. Sigues cansada, crees que estás sola y te sientes vacía. El dolor con alcohol sana antes, pero con amor mejor.
Que si no te vas a querer, avísame que ya te querré yo.
Lady Rock.

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